Si le has dado al play en el reproductor de arriba estarás escuchando la remezcla de una conversación en Malayalam, una lengua del sur de la India, mantenida entre un barco y una estación costera.
En 1993 el Ejército Soviético se retiró del Mar Báltico desvelando así la existencia de un centro de espionaje cerca de Ventspils, —en los bosques de Letonia, cerca de la orilla del mar—, que había sido usada para vigilar los sistemas de comunicación vía satélite del mundo occidental. De las tres antenas de la estación, los soviets se llevaron la más pequeña, pero las parabólicas de 16 y 32 m eran demasiado grandes para ser transportadas. Bajo la presión de la comunidad científica internacional, el ejército paró el dinamitado previsto de RT-16 y RT-32, cediéndolas en su lugar al gobierno de Latvia. Un equipo de transición, sin embargo, «preparó» las instalaciones para su cesión arrojando residuos metálicos en los mecanismos, metiendo clavos en las conducciones y echando ácido en los sistemas electrónicos. Afortunadamente, las antenas habían sido construidas como barcos de guerra —habiendo sido drásticamente sobredimensionados por los ingenieros de la armada soviética—. Así, contando sólo con el apoyo nominal del gobierno local, un grupo de entusiastas de diversos institutos científicos letones determinaron las propiedades de las antenas, repararon los daños, y las transformaron en telescopios operativos […]
Sin embargo, la falta de fondos para reparar las goteras en los laboratorios y para rehabilitar los cuartos de baño de las cabañas de madera de la era soviética significó que RT-32 no siguiera siendo gestionado por astrónomos, dejando el espacio libre para su ocupación por parte de una banda de nómadas mediáticos que con un verdadero espíritu festivalero, llegamos con un aseo ecológico portátil.
Así contaba Mukul, codirector de AmbientTV, en una desaparecida lista de correo de nettime los antecedentes del primer encuentro Acoustic Space Lab al que asistía con otros media-artistas en 2001. La traducción al español es de José Pérez de Lama, de hackitectura, y está incluida en su libro Devenires Cíborg. Arquitectura, urbanismo y redes de comunicación.


Durante agosto de 2001 se registraron grabaciones como la que escuchas ahora utilizando la antena más grande del Ventspils International Radio Astronomy Center (VIRAC), durante el primer Acoustic Space Lab. La convocatoria fue lanzada por el grupo Rixc de Letonia, y con la ayuda de uno de los científicos que rehabilitó la antena, los asistentes se dedicaron a experimentar con sonidos recogidos del espacio, comunicaciones del ámbito europeo o registros captados de la naturaleza cuando dirigían la antena a los bosques cercanos.
Además de experimentar la sensación de protagonizar una novela de William Gibson, los participantes en el taller, impartido por 25 artistas e investigadores, indagaron sobre las posibilidades de reutilización de un complejo militar para fines totalmente distintos para los que fue construido.
No sé cómo de activo está el proyecto ocho años después, pero como dice Pérez de Lama en Devenires Cíborg, «la antena telescopio se ha convertido desde entonces en un fetiche de la multitud digital, y de algún modo ha servido para inspirar el desarrollo de numerososo proyectos entre el activismo y la investigación de los nuevos medios». Para nosotros es un ejemplo de que cualquier tecnología, por muy sofisticada y compleja que sea, puede ser manipulada por cualquiera aun sin tener la tarjeta de técnico o experto colgada de la camisa.
2 respuestas a “El radio telescopio espacial que se convirtió en un instrumento musical”
Hola, un detallito, creo que en español Latvia se llama Letonia. Se habrá quedado así al traducir 🙂
esto me recuerda a…
http://www.pinktentacle.com/2009/08/moonbell-lunar-music-generator/